¿Qué cocinar cuando estás resfriado? Comida que cura el alma (y la nariz)

Estás resfriado. La nariz parece un grifo mal cerrado, la garganta arde como si hubieras discutido con un cactus y tu energía vital se fue de vacaciones sin avisar. En ese momento, cocinar se siente como escalar el Everest… en pantuflas. Pero justo ahí es cuando la comida se convierte en medicina emocional.

No hablamos de platos complicados ni de recetas “fitness”. Hablamos de comida que abraza, que reconforta y que, aunque no cure el resfriado, al menos hace que valga la pena estar vivo.

Sopa de pollo: el doctor con cucharón

Si la sopa de pollo fuera una persona, tendría bata blanca y te diría: “acuéstate y toma líquidos”. No falla. Caliente, suave y milagrosa. El vapor te destapa la nariz, el caldo hidrata y cada cucharada parece decirte: “todo va a estar bien”.
Tip real: ajo, jengibre y cebolla no solo dan sabor, también ayudan al sistema inmune. O sea, ciencia… pero rica.

Caldo picante: cuando necesitas sentir algo

Cuando estás tan congestionado que ni el Wi-Fi entra, el picante es tu amigo. Un caldo con chile, pimienta o un poco de wasabi puede hacerte llorar, sí, pero esas lágrimas limpian más que cualquier spray nasal.
Bonus: durante cinco minutos te olvidas de que estás enfermo porque tu lengua está en modo supervivencia.

Puré de papas: terapia emocional

No cura el resfriado, pero cura el alma. Cremoso, suave, calentito… el puré de papas es como un abrazo silencioso. Ideal cuando masticar se siente como demasiado esfuerzo. Agrégale mantequilla, un chorrito de leche y cero culpas. Hoy no es día de dieta.

Té caliente con miel y limón: el clásico eterno

Es simple, es obvio y funciona. El té hidrata, la miel calma la garganta y el limón te da esa sensación de “estoy haciendo algo saludable”. Incluso si no te cura, te hace sentir responsable… y eso ya es bastante.

Arroz blanco o con caldito: el héroe humilde

Cuando el estómago está sensible y el cuerpo cansado, el arroz aparece como ese amigo que no hace ruido pero siempre está. Fácil de digerir, suave y reconfortante. No gana premios, pero nunca falla.

Cuando estás resfriado, no necesitas recetas complicadas ni ingredientes exóticos. Necesitas calor, cariño y algo que no te haga pensar demasiado. Cocina lento, come despacio y recuerda: estar enfermo no es agradable, pero comer rico mientras tanto… sí.

Y si todo falla, siempre queda la opción de pedir comida y llorar un poquito. Eso también cuenta como autocuidado.

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